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Cooperación sin ideología, A Criterio de Quique Galo

Cooperación sin ideología, A Criterio de Quique Galo


México debe basar sus relaciones diplomáticas con las naciones procurando siempre la colaboración respetuosa y productiva de su gente.  Nos debe unir el intercambio económico, educativo y cultural, buscando el desarrollo como regiones y también en un mayor alcance global.


Tales propósitos no deben estar condicionados ni favorecidos por afinidades ideológicas sino por la cooperación estratégica.


La crisis política de Venezuela nos tiene que hacer entender las consecuencias de ejercer gobiernos autoritarios con instituciones sometidas o desaparecidas.


La experiencia democrática nos conduce a exigir gobiernos incluyentes y abiertos; modelos electorales imparciales que respeten en todo momento la voluntad popular. A privilegiar las libertades y el diálogo por ser las únicas armas que construyen los caminos del progreso común.


El caso de Nicolás Maduro nos obliga a una reflexión seria y responsable: no justifico la intervención de una nación, solamente observo las consecuencias de un sistema de gobierno que se opone a las libertades y vulnera los derechos tanto individuales como colectivos.


El economista austriaco Ludwig Von Mises, autor del libro “Socialismo: un análisis económico y sociológico”, decía con razón que «el que defiende la dictadura siempre aboga por el gobierno irrestricto de su propia voluntad»


Entre todas las expresiones que se han venido dando por el hecho, destaco la necesidad de ser más sensibles para no desestimar a todas las familias venezolanas que decidieron abandonar su tierra por la persecución o la mala calidad de vida que tenían.


Reitero, México no debe ser indiferente y requiere dar ese abrazo solidario y no ofender la causa de quienes se vieron obligados a migrar. En Aguascalientes les respetamos y compartimos el hogar común, al comprender su desesperación y aspiración.


En estos tiempos que destacan por la evolución tecnológica, los avances científicos y la apertura de la información, no tienen cabida los modelos de gobierno represivos, impositivos e intolerantes a la libre expresión.


No somos ajenos a lo que ha vivido un país que históricamente tratamos con hermandad pero que, a partir de una mala decisión, su sistema de gobierno se apoderó de la voluntad popular para aplicar cualquier restricción.


El caso de Venezuela indudablemente nos limitó la relación comercial al generar desconfianza en las inversiones y la estabilidad en los mercados; provocó el desaliento al turismo y generó temor por las amenazas de posibles réplicas de gobiernos autoritarios.


La historia de una nueva era en Venezuela, luego de la crisis por las dictaduras, aún no termina. Se camina con dudas en la reconstrucción de una nación que muestra heridas muy abiertas por sus malos gobiernos.


La única alternativa para cimentar un mejor presente y futuro radica en implementar procesos electorales legales, alejados de quienes practicaron el autoritarismo y apegados al Estado de Derecho.


Los tiempos políticos de esa nación y de México muestran una preocupante coincidencia.  La diferencia es que Venezuela fue primero y aquí a la ciudadanía nos corresponde intervenir para evitar que se cometan los mismos errores.


¡Hasta la próxima!



 
 
 

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