¿Misma narrativa o soberbia cínica?, A Criterio de José Manuel Mata
- Alejandro Revilla
- 17 feb
- 2 Min. de lectura
¿Misma narrativa o soberbia cínica?, A Criterio de José Manuel Mata
Inició el 2026 y todo indica que continuará en el vaivén del desgobierno por un buen tiempo, en un escenario donde muy poco resulta promisorio. La incertidumbre y el desconcierto seguirán prevaleciendo como una nueva normalidad.
Se continúa gobernando mientras se destruyen las instituciones de la República, favoreciendo la corrupción impune a cambio de lealtad política. El gobierno permanece encerrado en la política interna y desestima la política exterior, aliándose con regímenes autoritarios, cuidando alianzas con el crimen a cambio de prebendas electorales, solapando abusos del régimen, despreciando a instituciones académicas y civiles críticas, y despilfarrando recursos con tal de mantenerse en el poder.
Todo ello arrastra al país a una fragilidad extrema y al menoscabo de su integridad. Resulta imposible esconder tantos errores y fracasos cometidos, incluso después de la desaparición de los órganos de transparencia y fiscalización del Estado.
La descomposición que continuamente sale a la luz confirma el envejecimiento político tanto de la administración anterior como de la actual.
Al igual que el paquete económico de 2025 y el llamado “Plan México”, el paquete económico de 2026 —e incluso el programa “México con certidumbre”— arrastran problemas de origen. El pírrico desempeño económico de los últimos siete años parece destinado a continuar.
La cifra oportuna de crecimiento económico de 2025 fue de apenas 0.7%. No hubo recesión, como algunos llegaron a pronosticar, pero el dato resulta profundamente preocupante.
Crecer no es resultado de una intención; es consecuencia de acciones diseñadas y dirigidas a aumentar la producción.
Sin embargo, no se alcanzaron los objetivos de consolidación fiscal. Se registró un déficit de prácticamente 55 mil millones de pesos. Además, el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público alcanzó un máximo histórico de 18.8 billones de pesos, equivalente al 53.1% del PIB nacional.
La inversión física del sector público registró su nivel más bajo desde 2021. El gasto en infraestructura cayó 28.4% en términos reales, un resultado que limitará la capacidad para impulsar el crecimiento económico.
No solo se observa una caída, sino que la inversión se ha concentrado en proyectos cuya rentabilidad es ampliamente cuestionada.
Por su parte, la inversión privada continúa contenida por la incertidumbre regulatoria, la debilidad del Estado de derecho y un persistente mensaje de desconfianza.
A ello se suman diversos factores: procesos de reformas internas, el inicio formal de la revisión del T-MEC y, hacia noviembre, las elecciones intermedias en Estados Unidos.
Finalmente, las remesas —que entre 2013 y 2024 casi se triplicaron y funcionaron como una especie de estabilizador automático para la economía mexicana— marcaron en 2025 un punto de inflexión, al caer 4.6% anual.
El dato es relevante no tanto por la magnitud del flujo, sino por lo que revela del modelo económico implícito que se construyó alrededor de él.
Se continúa gobernando con proyecciones que rozan lo ilusorio y lo irreal. La propia narrativa demagógica y descontextualizada termina por contradecirlas.
O bien, el descaro y la soberbia gubernamental se expresan con un cinismo cada vez más evidente.
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