Libertades condicionadas, A Criterio de Quique Galo
- Alejandro Revilla
- 17 feb
- 2 Min. de lectura
Libertades condicionadas, A Criterio de Quique Galo
La intervención de Estados Unidos en Venezuela que derivó en la captura de Nicolás Maduro y el condicionamiento de un gobierno de transición, aún tiene pendiente su desenlace del que debemos estar muy atentos porque está visto que, sobre la soberanía, existe un interés evidente por la hegemonía derechista en América y el control de los mercados.
Pretender restaurar el orden en países como Venezuela y Cuba, enciende las alertas a las naciones incondicionales, por ser sistemas políticos que también tienden a volverse dictaduras.
En su tiempo, Abdul Kalam, estadista y ex presidente de la India, dejó con toda razón como advertencia a las naciones que, “si no somos libres, nadie nos respetará”.
México debe aprender de las intenciones de Estados Unidos: cuando se opta por procesos electorales nada claros ni imparciales, sobre todo por el dominio y hasta la desaparición de las instituciones, se estarán enfrentando al fantasma Trumpista, que busca ungirse como el salvador de los pueblos sometidos y el pacificador de los territorios dominados por la violencia.
El vecino país del norte sólo pretende imponer que sus aliados estén en una sintonía que no entorpezca su desempeño capitalista.
En México, Donald Trump encuentra suficientes justificaciones para exigir al Gobierno Federal bailar al son que le toque. Los temas que nos han rebasado, como el de la inseguridad, la complicidad con la operación de los cárteles, la corrupción institucional y los escasos resultados en la estrategia económica, son el punto de quiebre por los que la autoridad no encuentra la negación a las exigencias de Estados Unidos.
Entre las indicaciones está el dejar de enviar petróleo a Cuba que, por cierto, resulta una burla que a los mexicanos se nos venda gasolina cara, sin que llegue a los 10 pesos como se prometió, cuando al país isleño se le regala.
Sólo analicemos los mensajes que a conveniencia nos han dado los gobiernos de México y de Estados Unidos luego de las comunicaciones telefónicas de sus presidentes: de los elogios pasan a contradecirse públicamente en los acuerdos, quedando como sentencia las alzas de aranceles.
Sin duda que México debe rechazar cualquier injerencia entre naciones, pero de la misma forma también debe condenar a los regímenes autoritarios y reprobar a quienes llegan al poder de forma tramposa.
Más que privilegiar las empatías ideológicas entre naciones, siempre se debe estar a favor de la paz, el respeto a los derechos humanos, la soberanía, las libertades y las buenas relaciones diplomáticas.
Es decir, se tienen que cambiar radicalmente las actuales políticas presidenciales para mejorar el rumbo.
¡Hasta la próxima!
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